Las sLas siguientes líneas reflejan los desvaríos, desencuentros y contradicciones de un viajero impenitente, a quien la continua búsqueda de una buena mesa y mejor compañía, lo ha hecho vivir entre el desarraigo y el amor a esa tierra que lo vio nacer y que cultivó su paladar al extremo de convertirlo en esclavo de sus propios estándares. Prisionero de sí mismo, ahora quiere convertirlos a ustedes en felices cómplices de esa incesante búsqueda de placer, compartiendo las mejores mesas en esta Lima que día a día se evidencia como un paraíso gastronómico de orden mundial.

Nadie puede negar que la deliciosa combinación de un cocinero que nos halaga con detalles, un restaurante o un bar cálido, una luz tenue y atención esmerada, un buen vino, música suave, la compañía perfecta y una conversación distendida y honesta crean la magia necesaria para desnudar nuestras almas y llevarnos de paseo al paraíso. Desde hace años tuvo la suerte de disfrutar con los amigos cercanos del privilegio de su compañía y de la pasión puesta en cada oportunidad. Pasión que hoy desea compartir con ustedes, invitándolos a probar esa sensibilidad a veces desconocida por nuestros sentidos y a gozar de las texturas, aromas, sabores alrededor de un caleidoscopio gourmet en la capital gastronómica de América.

Una buena mesa es para compartirla, ya que al hacerlo multiplicamos el placer de la sorpresa y el éxtasis de los sentidos. Y qué mejor lugar que Lima para ser engreído y sorprendido mientras compartimos de esta manera. Lima tiene ese privilegio y a la vez la responsabilidad que la obliga a compartir con quienes no tienen la suerte de vivir en ella.

La invitación está hecha y la única manera como podrán arrepentirse, es no haber aceptado compartir tan maravillosa experiencia.

Los esperamos con los brazos abiertos y la mesa servida.

 

 





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